En unos días da comienzo la Semana Santa, un tiempo en el que las procesiones volverán a recorrer ciudades y pueblos de nuestra geografía. Para muchos participantes se trata de una tradición muy arraigada y, como tal, la viven con profundo compromiso. Entre estas personas, los costaleros desempeñan un papel fundamental ya que deben soportar durante horas el peso de los pasos procesionales.
El prolongado esfuerzo físico que realizan, en muchos casos, puede conllevar determinadas lesiones traumatológicas si no se toman las precauciones adecuadas.
En este sentido, una de las zonas del cuerpo más expuestas es la columna vertebral, especialmente la región cervical y lumbar. El peso que llevan consigo, sumado a la postura mantenida durante largo tiempo, puede provocar sobrecargas musculares que deriven en episodios de lumbalgia aguda. En algunos casos también pueden aparecer hernias discales o agravarse patologías previas de la espalda si la carga no se distribuye correctamente.
Hombros, rodillas y tobillos
Los hombros constituyen otra región muy vulnerable. La presión continua sobre esta articulación puede provocar inflamación de tendones, así como lesiones del manguito rotador (el conjunto de cuatro músculos y sus tendones que envuelven el hombro). El dolor en esta zona suele comenzar de forma progresiva y, si no se atiende a tiempo, puede llegar a limitar la movilidad del brazo comprometiendo, incluso, la continuación de la actividad.
Las rodillas también sufren un importante estrés durante las procesiones. Los costaleros realizan frecuentes flexiones para levantar o bajar el paso, lo que puede generar sobrecargas en los ligamentos, el cartílago o el tendón rotuliano (estructura fuerte y gruesa que conecta la rótula con la tibia). Las molestias en esta articulación son particularmente habituales cuando existe desgaste previo o falta de preparación física adecuada.
Otro tipo de lesión relativamente frecuente en costaleros son los esguinces de tobillo. Las procesiones se desarrollan muchas veces sobre pavimentos irregulares, con giros o movimientos coordinados del grupo que requieren estabilidad y equilibrio. Así, un apoyo inadecuado o un pequeño tropiezo pueden derivar en una torcedura.
La importancia de la preparación previa
Ante estos riesgos, la prevención juega un papel clave. Es importante que los costaleros conozcan sus límites físicos y que no participen en los pasos si presentan dolor previo o lesiones sin recuperar. También es recomendable realizar un calentamiento previo que prepare las articulaciones y la musculatura para el esfuerzo prolongado.
Del mismo modo, una correcta técnica de levantamiento y una distribución equilibrada del peso resultan fundamentales para reducir la sobrecarga en determinadas zonas del cuerpo. Escuchar las señales de alerta del organismo permite actuar con rapidez y evitar complicaciones mayores.
La Semana Santa combina tradición con devoción y esfuerzo colectivo. Participar en ella con responsabilidad y cuidando la salud musculoesquelética es la mejor manera de garantizar que la experiencia pueda repetirse cada año.
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