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Claves para entender las lesiones del cartílago de la rodilla

El cartílago de la rodilla es un tejido fundamental para el correcto funcionamiento de la articulación, ya que actúa como una superficie de deslizamiento que reduce la fricción entre los huesos y ayuda a absorber impactos.

Se trata de un tejido firme y flexible, sin vasos sanguíneos ni nervios. Estos condicionantes explican su limitada capacidad de regeneración. De este modo, cuando se deteriora, puede originar problemas como dolor, rigidez, inflamación e, incluso, artrosis a largo plazo.

La rodilla es una articulación compleja en la que confluyen el fémur, la tibia y la rótula, y está protegida por dos tipos principales de cartílago: el cartílago articular, que recubre los extremos óseos y permite un movimiento fluido, y el cartílago meniscal, que funciona como amortiguador y distribuye las cargas de manera uniforme.

Cuando alguno de estos tejidos se lesiona o se desgasta, la articulación pierde eficiencia y aparecen síntomas que afectan a la movilidad y a la calidad de vida.

¿Cómo pueden producirse las lesiones?

Las lesiones del cartílago pueden producirse de forma repentina. Por ejemplo, tras un traumatismo o una lesión deportiva. Del mismo modo, pueden desarrollarse de manera progresiva debido al envejecimiento o la sobrecarga. Junto a esto, factores como el sobrepeso, la inactividad prolongada, la desalineación articular, la inestabilidad ligamentosa o ciertas enfermedades inflamatorias también pueden acelerar el deterioro del cartílago.

Los síntomas más habituales incluyen dolor en la rodilla, inflamación recurrente, rigidez y una sensación de bloqueo al mover la articulación. En algunos casos, la rodilla puede presentar chasquidos, pérdida de movilidad o inestabilidad. En fases más avanzadas, incluso puede dificultarse la extensión completa de la pierna o la realización de actividades cotidianas como caminar, subir escaleras o hacer ejercicio.

¿Qué hacer ante la sospecha de lesión?

El diagnóstico suele comenzar con una exploración física y puede complementarse con pruebas de imagen como la resonancia magnética o procedimientos como la artroscopia, que permiten visualizar el interior de la articulación y valorar el alcance del daño. La elección del tratamiento dependerá de múltiples factores, como la edad del paciente, su nivel de actividad o el tamaño y profundidad de la lesión, entre otros.

En fases iniciales, es habitual optar por tratamientos conservadores que incluyen reposo relativo, fisioterapia, medicación antiinflamatoria e infiltraciones. En este contexto, han surgido nuevas alternativas que buscan mejorar tanto síntomas como funcionalidad sin recurrir a la cirugía.

Una de ellas es Arthrosamid®, un hidrogel inyectable biocompatible que se infiltra en la articulación para actuar como un amortiguador interno, ayudando a reducir el dolor y mejorar la movilidad en pacientes con degeneración del cartílago, especialmente en casos de artrosis de rodilla.

Surbone ha sido el segundo centro de España en incorporar este tratamiento a su práctica clínica, apostando así por una solución innovadora menos invasiva.

Opciones quirúrgicas

Pero cuando las medidas conservadoras no son suficientes, o en el abordaje de lesiones más complejas, se deben considerar opciones quirúrgicas.

Existen distintas estrategias de cirugía según el objetivo. Algunas técnicas reparan el cartílago estimulando la formación de un tejido fibrocartilaginoso mediante procedimientos como microfracturas o perforaciones. Aunque este tejido no es idéntico al original, puede mejorar la funcionalidad de la articulación.

Otros procedimientos buscan reconstruir el cartílago mediante injertos, sustituyendo la zona dañada por tejido sano.

En lesiones avanzadas o degeneración extensa, las opciones de regeneración localizada suelen no ser viables. En estos casos, el tratamiento puede orientarse hacia soluciones más definitivas como las prótesis articulares, que sustituyen la articulación dañada y permiten recuperar la movilidad y reducir el dolor (especialmente, en pacientes con artrosis severa).

Importancia del abordaje

En definitiva, el desgaste del cartílago de la rodilla es una condición multifactorial que requiere una evaluación individualizada. Si un desgaste de rodilla no es tratado, puede llegar a causar problemas de movilidad y dolor de rodilla que empeorará lentamente.

Se trata de una afección musculoesquelética que debe ser evaluada y tratada por un especialista en aparato locomotor, habitualmente un traumatólogo o cirujano ortopédico.

En Surbone, podemos ayudarte. ¡Consúltanos!

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